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Sombrero Panamá copa óptima

Signes Signes

De Signes para Sombrerería Mil, con motivo del Centenario de la tienda de calle Fontanella de Barcelona.

Se trata de un clásico entre los sombreros panamá. Úsalo en tu boda, para ir a la oficina o a la obra, un sombrero panamá es un todo terreno.

¿Como saber mi talla de sombrero o gorra?

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214,00 €

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Sombrero Panamá copa óptima

Estos sombreros Panamá se enrollan sobre sí mismos, doblándolos previamente por la marca que presenta la copa y que le da este aspecto particular y elegante.
En Sombrerería Mil recomendamos plegar lo minimo indispensable, con cuidado y volviendo a dar su forma al llegar a destino, así le dura muchos años.
Color: Natural
Medidas: Ala de 6cm y copa de 10cm
Marca: Signes
Modelo: Folder o copa óptina.
Material: Carludovica Palmata.
Estilo: Panamá
Género: Unisex
Características: Un sombrero panamá es una buena inversion a la hora de protegerse del sol. Muy recomendado por los dermatólogos.

EL PANAMÁ

El siglo XVI vio como los conquistadores españoles en el Nuevo Mundo adquirían más y más tierras para la corona española. Después de hacerse con el istmo de Panamá, con Pizarro y Almagro en la delantera, los españoles llegaron a Ecuador. Echaron a los incas fuera del país, que habían sido a su vez los conquistadores de los pueblos primitivos de aquellas tierras, y en 1534 los españoles fundaron la Real Audiencia de Quito. La consecuencia esperada es el flujo constante y continuo de colones hacia aquellos nuevos y ricos territorios.

Parece que la historia marca el inicio de los sombreros Panamá a partir de la actividad de Francisco Delgado, un criollo que vio la ventaja de unos sombreros que protegieran del sol y fueran ligeros, como los que la leyenda decía que llevaban los antiguos indígenas hechos con alas de murciélago, sabiendo, pero, como él ya sabía que se hacían con hojas vegetales. La primitiva industria nació en los poblados costeros del Ecuador de la zona de Guayas y Manabí, y concretamente en un pueblo de estos últimos distritos que se llamaba Jipijapa. De aquí vienen los primeros sombreros de Panamá, seguidos pronto por los Montecristi, del pueblo de igual nombre cerca del puerto de Manta. La proximidad a un puerto fue fundamental para la rápida difusión del sombrero de Panamá. Y si se ha acabado llamando así, no ha sido por el lugar de origen del sombrero, sino por el lugar desde el que se difundió al resto del mundo, es decir el istmo de Panamá, donde podían llegar sin dificultad las naves de los fabricantes y exportadores de Ecuador. En cuanto a las variedades, si los de Jipijapa son los originarios, los de Montecristi son los que adquieren más notoriedad y más alta calidad, porque desde el siglo XVIII ya era un centro donde se encontraban los mejores tejedores de la paja “toquilla”.

La paja “toquilla” es la que se obtiene de la planta que lleva el nombre científico de Carludovica palmata, una planta inventariada por los botánicos del Jardín Real de Madrid de aquella época.

El proceso de fabricación del sombreo de Panamá es curiosa y laboriosa. La planta, que crece muy bien en climas cálidos y húmedos y sobretodo en terrenos fértiles, ricos en sales y calcaros, se tiene que recoger cuando todavía es joven pero suficientemente firme. Es trata de una planta larga, una especie de caña, encima de la cual se abren las hojas en abanico. Estas hojas son las que se tienen cuando todavía no están desplegadas para hacer la paja con la que se trenzan los sombreros. Una vez recolectados estos “cogollos” verdes, se abren, se cortan y se limpian, manteniendo una parte de la tija que las aguanta, y así se obtienen unos manojos de cintas verdes y sedosas que se pondrán a hervir en grandes ollas unos veinte minutos, para después dejarlas secar a la sombra. El siguiente paso es el de blanqueo: consiste en volver a lavar las cintas y colocarlas sobre una plancha de arcilla encima de un brasero de azufre; el humo es el que da su color inconfundible. Entonces se dejan secar de nuevo. Posteriormente se seleccionan según su grado de blancor, elasticidad, dimensiones, finura: en algunos casos pueden llegar a parecer casi hilos, de tan finas. Cuanto más finas más valor adquiere el sombrero, de esta manera cuantas más filas o pasadas son necesarias para hacer el círculo del sombrero más caras pueden ser las piezas una vez acabadas. Por eso hay, por ejemplo, Montecristi “finos” y “superfinos”, que son los más valorados.

Seguidamente se procede a tejer el sombrero. El tejedor modela el sombrero utilizando los tres dedos principales con las uñas largas y afiladas, también se humedece el trabajo a menudo. Según el modelo, la finura y el tiempo de trabajo necesario, que a veces llega a ser de unos cuantos meses, el sombrero incrementará su valor, y se llegará a pagar precios muy elevados. La última operación es el remate del borde, que no siempre la hace el mismo tejedor, sino que a menudo se distribuyen sin el remate y cada empresa exportadora hace los suyos. La exportación de este tipo de sombreros en todo el mundo empieza en el puerto de Guayaquil, que se fundó en 1535, de donde salen con otras mercancías (cacao, por ejemplo) hacia el istmo de Panamá, que acabará dándole el nombre. Pero no será Ecuador el único país proveedor en el mundo de sombreros de Panamá: con el tiempo se han añadido productores de Perú y Colombia, que son los competidores de los del Ecuador.

Si seguimos un poco el curso de la historia, veremos que pronto el uso de estos sombreros se generalizó, no sólo entre los aristócratas de todo el mundo, sino también entre la gente del campo y la pujante burguesía, hasta convertirse en un sombrero para todo el mundo (manteniendo las clases según el precio). En este sentido, un sombrero de Panamá que se difundió más adelante, porque ya podía aplicar un proceso más industrializado fue el modelo Cuenca, con el nombre del mismo lugar donde se fabricaba, y de quien los fabricaba se decía que se dedicaban al “oficio de la paja”, es decir que ya era considerado como un oficio establecido.

Una vez difundido el uso del Panamá, lo encontramos en cabezas muy diferentes: desde Napoleón Bonaparte, ya exiliado a la isla de Santa Helena, que debía ser de los primeros personajes de la Historia que lo vistió, hasta estadistas como el presidente Roosevelt o el soviético Khrustxov, reyes como Napoleón III o Eduardo VII de Inglaterra, o el aviador Santos-Dumont y gente del cine como Orson Wells, Humphrey Bogart o Gary Cooper. Pero también fue pronto el sombrero por excelencia de los viajeros, con enorme presencia en países lejanos tanto del continente americano como de la India o Egipto o más cerca, por toda la costa azul francesa, donde enseguida se convirtió n  una moda y en un elemento indispensable de la elegancia masculina, después de que Philippe Raimondi lo presentara en París en la Exposición Universal de 1855. El revolucionario Eloy Alfaro, vía obsequios, lo impuso en la isla de Cuba, que se convirtió en uno de los principales clientes de las factorías de “sombreros de paja toquilla” del Ecuador. Este país vio en 1944 como sus panamás se convertían en su principal exportación al mundo entero. Después, en los años sesenta, con los aires de libertad y naturalidad, la moda era más bien no llevar ningún sombrero y se privilegiaba la moda del vestido, a pesar del momentáneo declive, el sombrero de Panamá no ha dejado nunca de estar en las listas de los más vendidos.

JAUME CREUS I DEL CASTILLO

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